t r ó p i c o s
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20091202
20091126
É melhor ser alegre que ser triste... mas...
Memo me envío junto con un texto de Murakami estas palabras en samba que me fascinan.
Alegria é a melhor coisa que existe
É assim como a luz no coração
Mas pra fazer um samba com beleza
É preciso um bocado de tristeza
É preciso um bocado de tristeza
Senão, não se faz um samba não
Fazer samba não é contar piada
E quem faz samba assim não é de nada
O bom samba é uma forma de oração
Porque o samba é a tristeza que balança
E a tristeza tem sempre uma esperança
A tristeza tem sempre uma esperança
De um dia não ser mais triste não
Ponha um pouco de amor numa cadência
E vai ver que ninguém no mundo vence
A beleza que tem um samba, não
Porque o samba nasceu lá na Bahia
E se hoje ele é branco na poesia
Se hoje ele é branco na poesia
Ele é negro demais no coração
20071201
Ámbar
Hay dolores que se enquistan. Uno no sabe ni por qué ni como pero así es. Pueden pasar desapercibidos por periodos largos de tiempo pero al final allí estarán y si los olvidas comenzarán a protestar. Van viajando por el cuerpo, por la memoria, se mueven para que no sean extraidos. Cambian de forma y color, persisten. También se propagan contagiando pequeñas felicidades y... ¿cuando fue que ese dolor nos dio? ¿cuando fue que lo guardamos tan bien que ya no puede salir?
20070603
No tengo corazón...
Quiero escribir algo feliz, algo que suene a un pájaro o que suene a olas y que las palabras, cual olas que son, se vayan metiendo por los ojos y logren una sonrisa junto con esa sensación de inmensidad que da el mar. No estoy triste ni me siento dramática o meláncolica, ni siento brinquitos en el pecho. Sólo tengo, en el paladar, cosquillitas. Cómo me gusta el diminutivo, da a la palabra esa sensacíón de suavidad, la extiende como queriendo alcanzar al interlocutor: ahorita, poquito, pedacito, minutito, corazoncito. Me imagino a Guenita diciendo panito, niñita, por favorcito y a los catalanes empujando las palabras para que salgan atropelladas sin poder tomar las que ella les extiende, pobre niñita. Toda esta digresión porque sé que, aunque no esté triste y aunque quiera, no escribiré nada feliz, no tengo palabras para eso. Para mi la felicidad (ahh ¡esa palabra!) simplemente se toma a sorbitos pero no se le escribe. La felicidad sólo se pone en palabras cuando ya pasó, cuando se convierte en otra cosa, en algo que falta en el corazón.
Siempre lo he sabido, pero tuve claro que no sabia escribir de cosas felices hace casi un mes en Aguascalientes, alguien se lo dijo a mis ojos. Leí un poema y hoy lo traigo a pedazos en la mente porque, de verdad, como desearia, como quisiera dejarles unas cuantas olas, extenderselas... Ella, Maria Rivera, dice mejor que yo eso de no poder escribir algo feliz, de no tener corazón para eso. Fui a reunir los pedacitos de los que me acordaba con el libro en mano, se los dejo aquí juntos, juntitos...
" y... ¡por qué no escribes un poema feliz"
Respuesta
A Luigi Amara
No tengo corazón para las cosas,
para verlas rodar en su caida,
para el largo murmullo
en su agonía.
No tengo corazón para las cosas
felices de este mundo:
no me alcanza para la risa,
ni el ojo para la ave,
ni la mano para la gota.
No, no tengo corazón.
No me alcanza su hipo a la hipérbole
ni sus dedos de congelan con la nieve.
Y aunque quisiera rendirse, a veces,
tumbarse sobre la hierba,
su sombria pesadumbre se lo impide.
Me falta corazón para las puertas,
para las manos de los hombres,
Me falta. Me falta morir
para encontrarlo.
Tenderme
sobrel el lomo de su rayo,
cabalgar sobre su grupa.
A veces, ya muy noche, pregunto
al enorme silencio del mundo
cómo puede morir el corazón entre las manos;
a veces, muy temprano, pregunto
a la gran algarabía del mundo.
Asombrada,
miro su torpe ánimo,
su paso incierto,
su lenta caida.
Es triste, lo sé.
Pero no tengo corazón para las cosas
felices de este mundo.
De Hay Batallas, Premio Nal. de poesía Aguascalientes 2005. ed. Joaquín Mortiz
Siempre lo he sabido, pero tuve claro que no sabia escribir de cosas felices hace casi un mes en Aguascalientes, alguien se lo dijo a mis ojos. Leí un poema y hoy lo traigo a pedazos en la mente porque, de verdad, como desearia, como quisiera dejarles unas cuantas olas, extenderselas... Ella, Maria Rivera, dice mejor que yo eso de no poder escribir algo feliz, de no tener corazón para eso. Fui a reunir los pedacitos de los que me acordaba con el libro en mano, se los dejo aquí juntos, juntitos...
" y... ¡por qué no escribes un poema feliz"
Respuesta
A Luigi Amara
No tengo corazón para las cosas,
para verlas rodar en su caida,
para el largo murmullo
en su agonía.
No tengo corazón para las cosas
felices de este mundo:
no me alcanza para la risa,
ni el ojo para la ave,
ni la mano para la gota.
No, no tengo corazón.
No me alcanza su hipo a la hipérbole
ni sus dedos de congelan con la nieve.
Y aunque quisiera rendirse, a veces,
tumbarse sobre la hierba,
su sombria pesadumbre se lo impide.
Me falta corazón para las puertas,
para las manos de los hombres,
Me falta. Me falta morir
para encontrarlo.
Tenderme
sobrel el lomo de su rayo,
cabalgar sobre su grupa.
A veces, ya muy noche, pregunto
al enorme silencio del mundo
cómo puede morir el corazón entre las manos;
a veces, muy temprano, pregunto
a la gran algarabía del mundo.
Asombrada,
miro su torpe ánimo,
su paso incierto,
su lenta caida.
Es triste, lo sé.
Pero no tengo corazón para las cosas
felices de este mundo.
De Hay Batallas, Premio Nal. de poesía Aguascalientes 2005. ed. Joaquín Mortiz
20070524
20070521
Me dijeron...
que la felicidad es un instante y que sabemos qué instante era cuando ya se fue.
¡qué chafa!... deberia de avisar...
¡qué chafa!... deberia de avisar...
20070510
tener hilitos
A veces quiero ser Violetta, así de cruda, así de bitch, así de witch. Quiero, de repente, convertirme en una Bárbara Patterson cualquiera y gritar carajo a la minima provocación y llenarme la boca de groserias y saborearlas antes de escupirlas. A veces me dan ganas de tapar todos mis pinches miedos vociferando todas las putas palabras que se me ocurran. Otras veces me dan ganas de salir directito de una novela de Mastretta o de Loaeza y ser una reinita bien vestida y con el futuro resuelto. Dan ganas de tener la felicidad aunque esté sostenida con palillos y con tacones altos altisimos. Eso sí, ni una mala palabra, no no, nada de eso... los miedos se quitan usando la tarjeta de crédito.
Pero de lo que en realidad me dan ganas es de ser un personaje. Me dan ganas de que alguien más me escriba y me ponga las palabras en la boca, de que alguien más me decida y me piense. Quiero ser la ficción de alguien más, tener hilitos aunque, ahora que lo pienso, suena mejor que te escriba Bolaño a que te escriba Loaeza, eso que ni que...
Pero de lo que en realidad me dan ganas es de ser un personaje. Me dan ganas de que alguien más me escriba y me ponga las palabras en la boca, de que alguien más me decida y me piense. Quiero ser la ficción de alguien más, tener hilitos aunque, ahora que lo pienso, suena mejor que te escriba Bolaño a que te escriba Loaeza, eso que ni que...
20070404
quizá con azúcar...
Yo allí sentada tomándome a sorbitos un café negro y ellas dejando el gloss en el popote de su café con chochitos y crema batida. Y ellas allí diciendo pero que dulce, pero que suave que es todo, pero que buena elección fue la nuestra. Y yo en planta baja descubriendo que se puede ser feliz con unos tacones bien altos, que una bolsa LV puede darte satisfacción y que un anillo en mano y un novio perfecto aseguran la felicidad, la vida. Y ellas pensando que quien sabe la vida de quien estoy viviendo y yo pensando lo mismo que estoy viviendo en una vida que no sé la de quien es, y yo intentando ir hacia muchos lados y que no sé hacia donde es mejor y yo tan escéptica y yo que no puedo decir que soy feliz con tal seguridad y entonces ellas me sonríen y me pasan su vaso y el rouge se me pega a los labios.
Y yo pero que tonta que soy y si, dicen ellas, pero que rara que eres. Pero claro, pienso yo, se me había olvidado buscar certezas en la bolsa y habia pasado por alto el hacer invitaciones para 1000 invitados: ¡vengan todos que soy feliz, vengan a ver que por fin tengo los tacones bien plantados en el suelo...! ayy pero que tonta, ayy pero que rara que soy ¡se me había olvidado poner el azúcar!
Y yo pero que tonta que soy y si, dicen ellas, pero que rara que eres. Pero claro, pienso yo, se me había olvidado buscar certezas en la bolsa y habia pasado por alto el hacer invitaciones para 1000 invitados: ¡vengan todos que soy feliz, vengan a ver que por fin tengo los tacones bien plantados en el suelo...! ayy pero que tonta, ayy pero que rara que soy ¡se me había olvidado poner el azúcar!
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